El dinero hace felices solo a los pobres

Un premio Nobel de Economía, Daniel Kahneman, y la universidad estadounidense de Princeton han utilizado un buen montón de horas de trabajo para demostrar que el dinero no da la felicidad pero ayuda. ¿A que usted y yo ya lo sabíamos?
Lo interesante del estudio, publicado en la revista PNAS y recogido por otro buen número de medios de comunicación, no es la conclusión, casi obvia, sino que le pone cifras. La felicidad, vienen a decir los autores del sesudo artículo, va aumentando de forma directamente proporcional al incremento de ingresos, pero sólo hasta los 75.000 dólares (unos 60.000 euros) de salario bruto anual. A partir de ahí, hay otros factores que influyen más en que uno sea más o menos feliz.
Si no me equivoco al sacar conclusiones, creo que esto quiere decir que los pobres son infelices, los que viven bien son más felices y los que viven muy bien, pues depende, porque ya eran felices cuando ganaban 60.000 euros, que dan para vivir bien, y ahora tienen otras ocupaciones o preocupaciones que influyen de manera determinante en que su estado de ánimo se acerque más a lo gozoso que a la tristeza vital.
Francamente me parece dar pistas al enemigo. ¿Se remitirán a este estudio los empresarios que deseando el mayor nivel de felicidad para sus empleados no suban el sueldo por encima de los 60.000 euros para no poner en peligro su vida feliz? Los autores del artículo se curan en salud y dicen que las cifras manejadas no significan, por ejemplo, que la vida mejore si a uno le suben el sueldo, por ejemplo, de 80.000 a 120.000 euros, pero insisten en que habrá otros factores que intervendrán más que el dinero.
¿Hay soluciones? Quizás a algún ministro de Hacienda maquiavélico se le ocurra que, en aras a la defensa de la felicidad de los ciudadanos, lo mejor para evitar frustraciones es poner un impuesto que recorte los ingresos a partir de la cantidad que asegura la vida más feliz y sin preocupaciones.
Hacerse ya se hizo. No por estas razones, evidentemente, pero en Suecia hubo muchos años en los que a partir de una determinada cantidad de ingresos, el resto de la renta tributaba hasta por el 75%. Esto hacía que empresas y trabajadores pactaran otro tipo de mejoras en lugar de sueldos más altos, porque al final los empresarios pagaban un pastizal y los empleados sólo recibían una pequeña parte. Ni que decir tiene que el odio hacia Hacienda fue creciendo de año en año y que los suecos vivieron después en carne propia que aunque no te haga completamente feliz, ganar más, aunque ya ganes lo suficiente para vivir sin aprietos, también ayuda.


El Contraanálisis

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