parados agresores y deuda

Es agosto. El calor y las vacaciones relajan las mentes, pero no podemos permitir que hagan estragos sobre la cultura occidental que tantos siglos nos ha costado consolidar. Permítanme que retome esta comunicación bloguera comentando dos ejemplos de excesiva relajación mental que pueden dar lugar a equívocos económicos y estadísticos hasta el punto de impedir la normal conciliación del sueño ahora, precisamente ahora,  que es cuando ese fresco nocturno comienza a dejar dormir.

El primero de estos ejemplos, seguramente no el más grave desde el punto de vista de impacto sobre la cultura occidental pero sí el que más cosas confunde, tiene fecha de envasado de 10 de agosto, lunes, en mitad de una impresionante ola de calor sahariano en la capital del Reino. Aquí mismo, en Madrid, la delegada de Asuntos Sociales y Familia del ayuntamiento capitalino, Concepción Dancausa, aseguraba tal día que “si hay un 50 por ciento de la población en paro, es evidente que cuando hay poco que hacer, uno se alía con el diablo”.

Las declaraciones estaban hechas para explicar, o al menos intentarlo, las causas por las que los trabajadores de las piscinas municipales madrileñas se quejan este año de un aumento de las agresiones por parte de algunos usuarios desalmados. La delegada municipal, algo así como una ministra del gobierno de Ruiz Gallardón, añadía que, en cualquier caso, “eso no justifica que se cometa violencia, pero la situación de crisis afecta a estas cuestiones”.

He de confesarles que no pude resistir el impacto y llamé a un amigo que es sociólogo y se dedica a estas cosas del paro, la delincuencia y los estudios sobre los cambios sociales provocados por la economía.

-Perdona que te llame en agosto, pero estoy alarmado por una noticia que acabo de oír en la radio.

- No te creo –me dijo-, ¿después de tantos años de costra ahora te asustas en agosto por una noticia? Pero bueno, vale, ¿de qué va?

- Pues mira, que una delegada del Ayuntamiento de Madrid ha dicho que con un 50% de la población en paro el diablo se alía con los que están mano sobre mano y la delincuencia rebrota donde no debe.

- ¡Vaya hombre! No sé de qué te asustas. Para empezar, es verdad que la mitad o más de la población no trabaja. Lo que ocurre es que los sociólogos y los estadísticos, que ya te informo de que somos gente rara, solemos no contar entre los parados a los menores de 16 años ni a los jubilados ni a quienes han decidido no trabajar o no pueden hacerlo. Si todos estos ciudadanos son descontados, entonces tenemos la población activa, la que quiere currar, y de esta, un 20% está en paro según las estadísticas oficiales.

- Bueno, vale (le pregunté a mi amigo), pero dónde situáis vosotros el listón del paro para que comience a ser peligroso socialmente. Y no me refiero, obviamente, a los dramas personales que padecen los parados.

– Pues mira, el mejor ejemplo lo tenemos quizás en Francia, donde en los barrios periféricos de París prácticamente un tercio de la población ha llegado a estar en paro y, lo que es peor, la mayor parte de estos desempleados son jóvenes que ven muy negro su futuro laboral y económico. Con estas cifras, hay barrios como los que rodean al afamado Estadio de Francia, en los que se han llegado a quemar 400 coches en una noche.

Mi amigo me dejó algo más tranquilo, aunque como ustedes comprenderán fácilmente quedo a la espera de que en España podamos rozar el 30% de paro y entonces ver si los desempleados de aquí son más o menos salvajes que los de Francia, medido por el hecho objetivo del número de coches quemados.

Y es que la objetividad de los datos es imprescindible cuando se relacionan hechos diversos. Pero de eso me enteré tarde. Yo lo oí en la radio, de viaje, y al día siguiente pude ver la noticia completa, en la que la delegada municipal aseguraba después no saber si este año ha habido más o menos agresiones a empleados de piscinas que en 2009. Si lo llego a leer antes, créanme que no hubiera llamado a mi amigo el sociólogo.

Y tenemos un segundo ejemplo pendiente. Confieso que lo he seguido por los periódicos pero su importancia es mucho mayor para la seriedad del sistema.

Se trata de eso que se ha puesto últimamente tan de moda y que muchos confunden, ya que unos le llaman riesgo país, otros lo denominan diferencial con el bono alemán y en muchos casos se refieren a lo mismo aunque no lo es. El riesgo país es lo que las aseguradoras cobran por garantizar el cobro de operaciones comerciales o financieras con empresas de un determinado lugar. El diferencial con el bono alemán es la diferencia, en tipo de interés, que tiene que pagar cualquier país de la zona euro para que alguien le compre deuda pública comparada con lo que le cuesta colocarla al gobierno de Alemania.

Ambas cosas suben cuando los mercados -esos entes de razón tantas veces citados pero que no tienen cara y ojos ni muñecas para ponerles unas esposas cuando se pasan de la raya- pierden parte de su confianza en la economía de un país. Pues bien, sobre España, esa fe económica se pierde o se reduce por las cosas más dispares y menos esperadas.

Hace pocos días, el presidente del Gobierno anunciaba que algunas de las infraestructuras paradas por los planes de ajuste podrían volver a ponerse en marcha. Craso error. No porque se continúe con las construcciones de autovías o líneas de ferrocarril, sino por dejar caer la buena nueva sin decir al mismo tiempo de dónde se sacará el dinero o quién lo pondrá, porque con esto de los recortes de gasto público los mercados andan muy sensibles. Al día siguiente, el riesgo de la deuda española había subido y el diferencial con el bono alemán también.

Tras las matizaciones pertinentes de la vicepresidenta Salgado y del ministro Blanco –siempre apagando incendios provocados por su jefe-, parecía que las cosas volvían a su cauce, pero  entonces el mundo occidental amanece con la magnífica noticia de que la economía alemana ha crecido el 2,2% en el segundo trimestre de 2010. La distancia de esa cifra con las del resto de los socios del euro provoca, por sí misma, que esta área geográfica crezca en conjunto el doble de lo esperado.

Y otra vez las cosas se tuercen. Algunos analistas –o sus voceros- dicen que la distancia entre Alemania y España vuelve a arrastrar a la deuda española hacia el abismo. Pero, ¿no habíamos quedado en que la deuda española dependía de que la economía interna ajustara su gasto público? ¿Si crece Alemania mucho tienen que arrastrase los demás  por el fango para colocar deuda, nominada también en euros, por cierto?

Creo que cualquier año de estos, con tal de que el cambio climático nos castigue con un agosto un poco más caluroso, algunos de estos analistas –o sus voceros- acabarán por decir que los incendios forestales de Portugal van a arruinar la cosecha de corcho (es posible que sea verdad), con lo que el vino de rioja se encorchará con tapones de silicona (ya se hace en algunas bodegas) y todo ello, unido a la debilidad de la demanda de vino en China, dé al traste con las expectativas de solvencia de los bonos del Estado español a diez años.

Por si acaso, dejo dicho aquí que si alguien relaciona los incendios forestales portugueses con la solvencia de la deuda pública española tendrá que pagarme por la idea, porque yo lo he dicho antes.


El Contraanálisis

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