La limpia e inmaculada independencia de Cataluña

“La limpia e inmaculada independencia de Cataluña”

El profesor Enrique Gimbernat ha publicado, con fecha 12 de diciembre, un artículo en el diario El Mundo titulado ¿Rebelión, sedición o ninguno de los dos? en el que  reconoce que la trama del proceso independentista contó desde un principio con el apoyo, a veces, violento de mediatizadas organizaciones y de algunos mandos de la policía autonómica. Entre los episodios de violencia dirigidos por el Govern y ejecutados por sus brazos civiles (fundamentalmente ANC y Omnium) señala entre otras acciones violentas : a) secuestro por la fuerza de la comisión judicial,  b) atentados a los agentes con la colaboración de los mossos que no hicieron nada por impedirlos, c) la pasividad de los mossos que evitaron intervenir incluso en los casos en que los miembros de la Guardia Civil eran agredidos , d) corte de carreteras, asedio de hoteles y que se amenazase a los empresarios que prestaban servicios al Estado.

Después de todo este relato de actuaciones violentas, el profesor Gimbernat deduce su sesuda conclusión: en el acto de la declaración de independencia no hubo ninguna violencia sino “la pacífica acción de depositar un voto en una urna dispuesta al efecto”.

El citado profesor quizá no ha tenido en cuenta algunas cuestiones: la causa (razón jurídica) de los actos jurídicos. La declaración de independencia no es el simple acto de insertar un voto en una urna sino que es un complejo y compuesto acto jurídico que tiene su causa jurídica en la contravención de la Constitución acompañada dicha infracción en toda una serie de actos violentos. Es ridículo hacer una separación salomónica de los actos violentos y vincularlos, exclusivamente, al referéndum.

Decir que en la declaración de independencia sólo hubo “la pacifica acción de depositar un voto en una urna”, ello nos evoca al ejemplo académico que siempre se ha puesto de cumplimiento y respeto a la letra de la ley. Se cuenta que hubo una vez un dictador que ante la ley que prohibía derramar un sola gota de sangre, dicho bananero “cumplía” dicha norma enterrando a la gente viva. Si como señala el profesor Gimbernat tanto a Hitler como a los independentistas todo les salió al revés, lo mismo puede decirse de ciertas argumentaciones.

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