Los Catalumbreras del gobierno catalán y otros

” Los Catalumbreras del gobierno catalán y otros”:

Siguiendo con el cúmulo de esperpentos que se ecuchan estos días, se ha llegado a decir que dado que el Parlament no ha emitido la declaración de independencia de Cataluña no procedería la aplicación del artículo 155 de la Constitución. ¿Acaso exige, el citado artículo, la citada declaración de independencia? En modo alguno. La declaración de independencia no es el presupuesto de aplicación de 155 sino el que una comunidad autónoma no cumpliere las obligaciones que le competen o atentare gravemente al interés general de España. ¿Acaso la seudolegislación de los días 6 y 7 de septiembre, la celebración del ilícito referéndum, la actuación playera de los Mossos, etc… no atentan gravemente al interés general de España?

Por su parte, hay quienes dicen que después de leer tropecientas mil veces el discurso de Puigdemont no saben lo que ha dicho o ha querido decir. Lo que dijo fue: “el gobierno (catalán) y yo mismo, proponemos que el Parlament suspenda los efectos de la declaración de independencia”. Es evidente que no es una expresión muy afortunada decir que se suspenden los efectos de algo que todavía no se ha producido como es la declaración formal de independencia pero cuando la literalidad de las palabras no es óptima, no hace falta llevar a cabo grandes esfuerzos interpretativos si se acude a los actos anteriores a las imprecisas palabras para averiguar qué quiso decir. Estos actos actos anteriores no son otros que la seudolegislación de los días 6 y 7 de septiembre que implicaba el inicio de los trámites de la declaración de independencia, trámites que continuaron con la celebración del ilícito referéndum; y que, por lo tanto, lo que Carles Puigdemont se proponía suspender era la culminación de dichos trámites con la declaración formal de independencia por el Parlament.

Cuando se produce una agresión de cualquier tipo física o jurídica no se debe esperar a que se desarrolle y finalice (léase, declaración de independencia) porque en tal caso lo único que se consigue es que la rehabilitación sea, cuando menos, más prolongada. El Gobierno de la nación no pudo reaccionar frente al inicio (días 6 y 7 de septiembre ) de la agresión por la firme oposición del PSOE mantenida desde antes del verano como posteriormente la velada oposición expresada por Oscar Puente señalando que la aplicación del 155 dependería de “cómo se desarrollasen las circunstancias”. Ahora, se desvela que esas circunstancias no eran otras que sacar el rédito político de un acuerdo de reforma de la organización territorial a costa de contemplar y permitir que la agresión separatista se desarrollase y conseguido dicho acuerdo, Margarita Robles destaca más este acuerdo que el otro acuerdo de hacer frente a la agresión constitucional con lo que el PSOE antepone el interés de su partido al interés general del Estado.

Cuando se persiste en  una agresión al orden constitucional (infinitamente mayor que pisoteándolo), lo que procede no es andar de puntillas con curas de primeros auxilios consistentes en simples actuaciones judiciales individualizadas sino que lo que procede es una verdadera asistencia juridico-sanitaria porque siempre es preferible la cirugía reparadora de consolidación de las fracturas que la cirugía de reimplante. La hora de la política llevada hasta ahora de retardar (obligada para el Gobierno y motivada por el PSOE) la reacción frente a la agresión constitucional, ha terminado. Existe un problema canceroso y requiere de medidas de tipo oncológico que deben adoptarse por todos los partidos verdaderamente constitucionalistas con un firme criterio de Estado aunque puedan conllevar la pérdida de pelo (léase, votos). El pelo como los votos, se recuperan. La vida (léase, la soberanía) no se recupera.

En el requerimiento al gobierno catalán se le indicó que la única salida viable es la salida “número dos” consistente en responder que “no” se había declarado la independencia y que se corresponde con el artículo número dos de la Constitución: el reconocimiento de la soberanía nacional que radica en la totalidad de los ciudadanos españoles. No se trata con ello de pretender humillar a nadie porque para ello se bastan los Catalumbreras de los días 6 y 7 de septiembre, solos o en compañía de otros como parte de la población catalana utilizada como marionetas y, sobre todo, del megasatélite por tierras madrileñas de Gabriel Rufián porque de la España de la pandereta se ha pasado a la España exhibicionista en que  todo el “discurso” político de algunos se reduce a exhibir estampitas podemitas. Quien se acuesta con los cuentacuentos de la TV 3,  se levanta con los cantamañanas del gobierno catalán. Que el separatismo se autoridiculiza a sí mismo sin la ayuda de nadie se comprueba observando el recorrido de su hoja de ruta que se introduce hasta en las prisiones (como la de Brians I) para captar adeptos y servir de fundamentación a un delirante recurso “jurídico”-penitenciario. El Congreso de los Diputados también tiene las puertas abiertas al separatismo para que exponga las magnificiencias del mismo.Corresponde  al separatismo elegir si quiere hospedarse en el Congreso (léase, en el Estado de Derecho) o si quiere saturar las prisiones. Se trata simplemente de restaurar el Estado de Derecho para proceder, a continuación, al ejercicio de la política porque ésta sólo tiene su cabida dentro del mismo.

Ada Colau hace suyo el principio de la realidad, patrocinado por Esther Vera, de la existencia del separatismo. Más bien habría que denominarlo el principio de la realidad invertida porque más que la llamada a desescalar lo que hacen es escalar por las cumbres más altas de la ignorancia supina cuando desconocen que el Tribunal Constitucional desde hace casi 40 años (desde su puesta en funcionamiento) ha reiterado que “en ningún caso el principio de autonomía puede oponerse al de unidad, sino que es precisamente dentro de éste, donde alcanza su verdadero sentido ” y que acaba de ser traducido por Soraya Sáenz de Santamaría, en román paladín, señalando  que el objetivo de la aplicación del  155 no es suspender la autonomía de Cataluña sino que la misma se ejerza conforme a la Constitución y el Estatuto.

Se acerca la celebración de Halloween  con su famoso: “¿Trato o truco? y que bien podría constituir la tarjeta de visita o la contestación que Carles Puigdemont realizó, ayer lunes, a Mariano Rajoy. El truco vendría representado por la primera petición que constituye, por una parte, una solicitud de trato judicial de favor, integradora de una provocación a la prevaricación; y, por otra parte, una segunda solicitud de una “negociación” ultraonerosa consistente en cesar la aplicaión del Estado de Derecho en Cataluña y sin regresar el gobierno catalán a dicho marco.

El trato vendría reprentado por la segunda petición de la solicitud de una reunión y respecto a ésta, si al separatismo se dice que no se le pueden poner puertas al campo tampoco se las va a poner el Congreso para que cumpla con la obligación que compete a todo aquel que demanda algo y que es demostrar las magnificencias del separatismo y mientras ello no ocurra la llamada verdad formal de Aitor Esteban del quorum de la reforma constitucional (en punto a la soberanía) seguirá siendo una verdad institucional. Obsérvese que las verdades institucionales de nuestra Constitución no son verdades inmutables (frente a las “verdades” inmutables del separatismo) pero su variabilidad debe llevarse a cabo dentro del Estado de Derecho. Aitor Esteban se sumó este pasado miércoles a la moda de decir que en Cataluña no se ha utilizado “ninguna arma” (como si no hubiera pasado nada los días 6 y 7 de septiembre), pero si no ha sucedido nada, ¿por qué ha querido sacar rédito político de la “nada”? Si unimos este hecho de señalar que en Cataluña no se ha utilizado ningún arma los días 6 y 7 de septiembre junto con el gesto despreciativo con el que acompaña cada vez que se refiere a su verdad formal, colocan a Aitor Esteban en los albores de los citados días 6 y 7 de septiembre.

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