Ángulo muerto navideño

Creo en las luces tenues y los espejos trucados
Andy Warhol

Los días festivos navideños siempre me retrotraen a la niñez, la pubertad y lo que vino después. Perdonen si me pongo melancólico o empalagoso.

Aprovecho las actuales fechas, días entrañables, adjetivo derivado de entraña (del latín interanĕa, “intestinos”) para rememorar mis lecturas adolescentes no deseadas, sobre todo el código y las normas de circulación, ya que mi principal ansia juvenil era conseguir y conducir un turismo. Cuando se ha pilotado un motocultor y ejercido de pasajero en una máquina agrícola automotriz, la bicicleta, el ciclomotor y la motocicleta no me satisfacían: eran vehículos sin alumbrado interior y muy limitados para el transporte de personas, mercancías o cosas. Para alguien con aspiraciones de traficante o conseguidor esos biciclos no eran mucho más que un sidecar.

Al comenzar este escrito he hablado de días entrañables porque le arrancaría los intestinos al autor del citado código. La limpieza, fijado y esplendor en las reglas del diccionario de la lengua, mi lectura favorita, mezclados con las normas de circulación aplicadas a un poblado sin semáforos, donde los vehículos de tracción animal se podían confundir con los de distracción juvenil, ocasionaron en mi persona traumas aún no sanados, similares a los que provocaría un tren turístico en una vía pecuaria durante una jornada de tránsito de rebaños trashumantes atravesando un núcleo urbano bajo la lluvia de unos aspersores de media vuelta homologados.

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Escribo sin pausa  porque todavía sufro los reflujos hipnóticos de unos hongos recogidos en el jardín de una glorieta cercana a una rotonda; todos eran círculos, ondas, señales redondas de circulación que prohibían la entrada a vehículos de motor con remolque, a no ser que sea un semirremolque o un remolque de un solo eje…

En ese lugar y en ese mismo momento, aprovechando que quienes están dentro de una glorieta tienen prioridad sobre quienes acceden a ella, comencé mi carrera sin rivales hacia ningún lugar. Mi coche es un automóvil destinado al transporte de personas, no es el típico vehículo mixto en el que puede sustituirse la carga parcial o totalmente por personas, siempre que estén bien sujetas, no se arrastren por el pavimento, comprometan la estabilidad del conductor u otras molestias.

Entonces me encontré con el clásico problema propio del medio rural: la prioridad de paso respecto a los animales no se cumple, porque a ver quién se atreve a decirle a un toro fugado de un encierro que no puede cruzar un arcén que no forme parte de una cañada. Tuve que aprovechar que me encontraba en un cambio de rasante de reducida visibilidad y no quemé los neumáticos con el acelerón, pues eran radiales, se calientan menos y tienen mayor duración y mejor estabilidad y elasticidad.

Tenía que parar un rato. Tenía que leer ese reportaje de la revista de coches que compré el otro día. Tenía que cambiar el espejo retrovisor (1.m. Pequeño espejo colocado en la parte anterior de los vehículos automóviles, de manera que el conductor pueda ver lo que viene o está detrás de él.), habían inventado uno nuevo, curvo, que permite más grados de visión panorámica. Con esta capacidad óptica nadie podría perseguirme.

Necesitaba encontrar un refugio, apartadero o isleta. Los camiones, furgones y furgonetas se habían unido a los animales de montura, los vehículos de tracción animal, las cadenas para nieve y otros dispositivos autorizados en las señales verticales de obligación. Mi rejón de muerte sería una marca vial que me pedía amablemente ceda el paso: un triángulo marcado sobre la calzada con el vértice opuesto al lado menor y dirigido hacia mí.

Nota de prensa:

Nochebuena nos ha dejado este año otra muerte causada por la unión de droga y velocidad al volante. La víctima es un joven agricultor que conducía su vehículo especial autopropulsado de dos o más ejes a una velocidad dos veces superior a la permitida en un camino rural. Se estrelló contra un depósito de agua.

VALE

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3 respuestas a Ángulo muerto navideño

  1. óscar dijo:

    Su entrada de este final de año, querido señor Luengo, tiene un regusto de las páginas de sucesos de los felices y locos años veinte americanos. Esperaba encontrarme con alguna delicia de las suyas sobre el Podemos y el Queremos y la madre bendita que los parió a todos, los merecidos sueldos de la Mato porque era mía, o las aventuras del Pequeño Nico, que tiene sobrenombre de muñeco de feria… pero no. Lo que me encuentro es el retrato de un accidente sin estridencias, al estilo de Joe Pesci en El ojo público, y se lo agradezco, porque así dormiré más tranquilo y entre algodones y cogeré fuerzas para este año que se nos avecina movidito. Estaremos atentos a lo que usted pueda ofrecer desde su tribuna. Cuídese y un saludo.

  2. Mario Gragera. dijo:

    El que tiene un permiso de conducir tractores tiene un tesoro, que no lo pierda y que Dios le conserve la vista, si existe Dios y no la vista

  3. maria dijo:

    La melancolía y los empalagosos son las peores enfermedades de la mente y el cuerpo, respectivamente, solo causan dolor y muerte. Que Dios nos libre de ellas. AMEN.

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