A la sazón

Ninguna cosa sea donde falta la palabra”
 Martin Heidegger

Palabrería. 1. f. Abundancia de palabras vanas y ociosas.

«Mire usted, tendré que explicar mejor que hasta ahora que ha sido uno de los acontecimientos más importantes de la moderna historia de España, ya que para mí es un orgullo que todo el mundo nos vea como un ejemplo de superación y la realidad obliga a veces a hacer cosas que a uno no le gustan, pero tenemos un sistema de bienestar como nadie sospechaba. Debo comentar las medidas legales que vamos a tomar para conseguir democracia, libertad, derechos humanos, descentralización y entrar en Europa y en el mundo, aunque ya estuviéramos dentro. He decidido tomar la iniciativa para que se castigue a los culpables, ya que los inocentes no pueden esperar más tiempo, y también habrá mecanismos para recuperar la credibilidad perdida, pues no recuerdo dónde la puse».

[Si ha llegado usted hasta aquí y nota somnolencia, no se preocupe, es un efecto habitual de cualquier rueda de prensa electoral o discurso político]

«No puedo consentir que siga aumentando la desmoralización con las instituciones y también hay que devolver la confianza perdida con la clase política. Del mismo modo que voy a arreglar la economía, cambiaré la política para que sintonice con la sociedad, que ya va siendo hora. Que quede claro que el respeto al estado de derecho es el principio de las democracias de la Unión Europea, donde todas las ideas son defendibles siempre que se promuevan por medios pacíficos y dentro de los cauces de la legalidad. La integración es el signo de los tiempos y la única manera de garantizar nuestra fortaleza. La base de una comunidad de derechos en nuestro país son las buenas noticias, como los datos de paro de la Encuesta de Población Activa y el crecimiento económico».

[Cuando se alcanza este punto, suele ser necesario tomar algún calmante para que la entrada del discurso al cerebro no provoque lesiones]

Si yo te contara...

Si yo te contara…

 

«Ha llegado el momento de apostar por una combinación de políticas económicas, tanto monetaria y cambiaria como fiscal, más equilibrada que permita impulsar la recuperación económica de nuestros países; sin olvidar, claro, que la estrategia de reformas estructurales en España tiene una ventaja indudable: se gana terreno de forma sólida y continua frente a las tradicionales devaluaciones que tenían solo un efecto temporal; dicho lo cual no hay que olvidar que esta estrategia también exige un enorme esfuerzo de gestión y digestión política que, en todo caso, vale la pena, pues se trata de una cuestión de tragaderas, como toda la vida».

[Hay que aclarar que este no es un intento fallido de acceso al Club de la comedia, tal como han manifestado algunos populistas demagógicos]

«Y todo esto teniendo en cuenta que entiendo y comparto plenamente la indignación de los ciudadanos, lamento profundamente la situación creada y comprendo el hartazgo de los españoles, ya que estas consultas resultan particularmente hirientes cuando los ciudadanos han tenido que aportar tantos sacrificios y esfuerzos para sacar al país de la crisis.

También quiero que todo el mundo sepa que lo que estoy haciendo es tomar todas las medidas para evitar que estos acontecimientos se puedan producir en el futuro y que aún estamos a tiempo de enderezar el rumbo, de superar una dialéctica estéril de confrontación, buscar un diálogo fructífero, siempre dentro del más escrupuloso respeto a la legalidad en una democracia seria y responsable como es la nuestra. Todo el diálogo dentro de la ley y ninguno fuera de la ley. Estoy abierto a todas las iniciativas pero siempre dentro de la legalidad, para que nadie crea que el derecho a decidir se puede atribuir unilateralmente a una parte, valga la redundancia».

[Ya está usted en el llamado punto sin retorno y puede sufrir taquicardias, entumecimiento, deterioro de la función motora, náuseas y vómitos]

«Es demagógico apelar a algo que suena bien, el derecho a expresarse, pero en realidad se está privando de ese derecho a quien realmente le corresponde, que es el conjunto del pueblo español, pues, como debería saber todo el mundo, es una democracia de la que estamos orgullosos, tiene una Constitución que nos dimos entre todos, que garantiza las libertades, los derechos fundamentales, que fija las reglas de convivencia y que ha generado la mayor etapa de progreso económico y social de la historia, y ya sé que se han producido en los últimos tiempos algunas cosas que no nos gustaría que se produjeran, pero estamos tomando decisiones, unas peores que otras, y la justicia está actuando».

[Insuficiencia cardiaca, convulsiones y paranoia forman parte del diagnóstico que presentan quienes han padecido homilías de esta calaña]

VALE

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3 respuestas a A la sazón

  1. óscar dijo:

    Al leer su discurso imaginario, aunque perfectamente posible de tan real que parece, y quitando de aquí y de allá los brotes de humor y lo bien escrito que queda en sus manos, uno podría pensar que ser político, hoy en día y quizá desde hace mucho más tiempo del que estamos dispuestos a admitir, es como el animal militar que cumple sin pensar la orden: ambos (político y animal, que no da, vaya por Dios, el animal político que soñaba Aristóteles) reaccionan por imitación y en automático, sea cual sea, la misión o el escenario.
    Bravo, pues, por su demostración plausible de que si me meto en Podemos, tendré, al menos, facilidad de palabra, ya sea me hablen de la Europa desahuciada, del Ébola como arma de destrucción controlada, las preferentes que no las quiere ni el tato, el amigo invisible de los poderosos que responde a Nicolás, o de la madre bendita que los parió a todos. Con perdón.
    Un saludo.

  2. Sin dudas este texto es un resumen de algún discurso de Rajoy (quizás de Zapatero, en definitivas, es igual). Pero si es suyo (que lo dudo) me inclino por que equivocó su profesión, pues tiene condiciones para ser todo un político español que pudiera aspirar a la mamandurria con posibilidades en las próximas elecciones. Saludos,

    Augusto Lázaro

  3. cpascualarribas dijo:

    No hay mayor ignorante, ni hace más daño que el que dice lo que sabe, y no sabe lo que dice.
    Y peor aún:
    - Si lo que sabe es muy poco.
    - Si es un afamado político con años de experiencia.
    - Si es un tertuliano de vieja ola.
    Deberíamos escuchar más a los que aunque se les deje decir muy poco, saben mucho, lo viven en sus carnes y hablan por boca propia. AMÉN.

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