V: El final

Leí El sentido de un final, de Julian Barnes, hace cinco años, cuando vivía en un apartamentucho de Madrid y tiraba para adelante sin tener muy claro qué quería hacer con mi vida. Su aparente sencillez me dejó profundamente herido, por lo que contaba y por cómo lo contaba. Y de alguna forma creo que contribuyó, seguramente inconsciente, a que tomara ciertas decisiones de las que por el momento no me arrepiento.

No soy un fundamentalista de la superioridad de la literatura sobre el cine, nunca me van a leer una banalidad del tipo “era mejor la novela” (que de hecho era el título irónico de uno de mis primeros blogs) porque es un axioma que pronuncia quien no recuerda, por ejemplo, que El Padrino era antes que una obra capital del cine mundial, una novela flojita. Pero hay veces que recomiendo la lectura antes y después la adaptación cinematográfica, para completar, para confirmar nuestras hipótesis con una historia, para ver cómo la ha imaginado otra persona. El sentido de un final es una novela estupenda. Léanla primero y luego vean también la película. Era uno de los estrenos de la semana pasada y sigue todavía en los cines.

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