Souvenir: Mindhunter

Screenshot 2017-11-15 at 16.24.19EXT. QUANTICO

Screenshot 2017-11-15 at 16.24.19Los agentes especiales del FBI Holden Ford y Bill Tench flanquean a la doctora Wendy Carr mientras caminan por los exteriores de Quantico, sede de los federales.

FORD

¿Y qué es lo que enseña?

CARR

Imparto un curso sobre la intersección entre la sociopatía y la fama. Gente como Andy Warhol, Jim Morrison. Su celebridad es lo único que necesitan para sostener su ego.

TENCH

Nixon era un sociópata.

CARR

Algo parecido.

FORD

¿Cómo puedes ser presidente de EE UU si eres un sociópata?

CARR

La pregunta es ¿de qué otra forma puedes llegar a ser presidente de EE UU si no lo eres?

Por eso lo que estamos haciendo es vital. Va más allá del FBI.

TENCH

Y llega hasta la mismísima Casa Blanca.

Screenshot 2017-11-15 at 16.36.30

Screenshot 2017-11-15 at 16.36.30Screenshot 2017-11-15 at 16.36.30MHUnter

La escena transcrita cierra el tercer episodio de Mindhunter, la mejor serie del año para este crítico. Está puesta en escena de forma en apariencia casual, pero no es solo una caminata hacia el próximo capítulo. La doctora camina en medio, flanqueada por los dos agentes. Es el auténtico cerebro de esta operación: la creación de una Unidad de Análisis de la Conducta en el FBI. Sus enseñanzas y sus reflexiones vienen puestas en práctica por los dos agentes especiales en sus entrevistas con asesinos célebres por la creatividad con la que han expresado su crueldad.  Es una conversación a tres, pero la imagen capturada resume bien las actitudes: Tench y Carr interactúan, se miran, Ford en cambio mira hacia adelante. El contenido de lo que hablan se refiere a la relación entre psicopatía y fama, algo que el propio Ford experimentará poco después en la serie. Pero la frase que cierra la escena es la clave: ¿Se puede ser presidente de EE UU sin ser un sociópata?

La serie está ambientada en los setenta, pero puede leerse perfectamente en clave actual. Más allá de la referencia indisimulada a la sociopatía y al actual presidente de aquel país, la serie sorprende por el tono comedido en el que transcurren los diez capítulos de su primera temporada. La pareja de agentes protagonista rompe cualquier arquetipo manido de dúo policial: se llevan bien, discuten de manera razonable y apoyan las decisiones del otro. Entrevistan a criminales que han cometido homicidios repugnantes (que nunca se representan gráficamente) y escuchan y analizan todo lo que les dicen: hasta el mayor de los sociópatas tiene sus propias razones, por equivocadas que sean. La palabra es, por tanto, el único arma de una serie protagonizada por agentes de la ley y asesinos sin escrúpulos. Y de esta forma te tiene pegado a la pantalla durante diez horas, sin necesidad de apretar las tuercas a la dramatización o de insuflar tensión innecesaria.

Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Current day month ye@r *