342 viernes

Hay momentos en la vida tan espectaculares que sabes con certeza que se quedarán grabados para siempre en tu memoria. A mí me ha pasado no hace mucho, varios meses atrás, durante la el banquete de la boda de mi mejor amigo en Belgrado. Comíamos, brindábamos y bebíamos y de pronto entró toda una orquesta de músicos tradicionales serbios, una auténtica banda balcánica, y se puso a tocar una canción del folclore local que todos conocíamos (aunque seríamos incapaces de reproducir las letras):

Y qué quieren que les diga, si no hubiera sido por el cine de Emir Kusturica yo no habría tenido el fetiche de participar en una boda serbia. No necesariamente con salvas de kalashnikov y cocaína a raudales para condimentar la carne, como en Gato negro, gato blanco:

Y juro por las memorias de Nikola Tesla e Ivo Andric que todas estas canciones sonaron en la boda de mi mejor amigo:

Les cuento todo esto porque hoy llega a las carteleras españolas la nueva película de Kusturica y uno tiene que reconocer que su objetividad está comprometida. La reseña de En la vía láctea y del último episodio de la trilogía de El planeta de los simios la pueden leer aquí.

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