Predicciones de futuro

La semana pasada el director de la sección de economía del británico Channel 4, Paul Mason, analizaba en el diario The Guardian las últimas predicciones emanadas por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Según las previsiones de este organismo para la economía mundial hasta el año 2060, “el crecimiento se ralentizará hasta dos tercios de su tasa actual, la desigualdad se incrementará enormemente y existe un gran riesgo de que las consecuencias del cambio climático empeoren aún más el conjunto”. A pesar de todo esto, dice la OCDE que “el mundo será cuatro veces más rico, más productivo, más globalizado y mejor educado”. Y Mason añade: “Si tienen problemas para razonar las dos partes de esta predicción, no se preocupen, le pasa lo mismo a los mejores economistas del planeta”.

Este periodista a continuación menciona una serie de ejemplos concretos basados en las predicciones: “En 2060 países como Suecia tendrán niveles de desigualdad que actualmente vemos en Estados Unidos: piensen en Gary, Indiana, en los suburbios de Estocolmo”, dice en un primer lugar, pero lo que explica unos párrafos más tarde es la clave de este artículo: “Los Angeles y Detroit parecerán Manila -suburbios abyectos junto a rascacielos-, la mano de obra británica una mezcla de ancianos blancos y jóvenes migrantes, el trabajo de salario medio habrá desaparecido [...] El capitalismo estará en su cuarta década de estancamiento y si no hemos hecho nada con las emisiones de carbón, se empezará a notar de verdad el impacto del cambio climático”.

Después de leer este artículo comenté con un amigo lo vívidas que eran esas imágenes que describe Mason porque ya se habían predicho con anterioridad en el cine. El primer ejemplo que se nos ocurrió fue el de Código 46 (2003), de Michael Winterbottom. Aunque la trama no se centrara en los desastres de la economía sino en la ingeniería genética, el mundo futuro en el que transcurría era precisamente un lugar de centros financieros fortificados y suburbios semidesérticos poblados por lúmpenes. Pueden ver los títulos de inicio de la película en este enlace.

La segunda película que nos vino a la cabeza fue la reciente Elysium (2013), del sudafricano Neill Blomkamp, que estaba resuelta muy torpemente, pero tenía una potencia evocadora notable. La película, protagonizaba por Matt Damon, imaginaba California en el siglo XXII como un lugar superpoblado en el que la mano de obra se hacina en infraviviendas en una tierra que el cambio climático ha convertido en estéril y trabaja por una miseria que no llega ni para cubrir servicios sociales que en la actualidad consideramos básicos mientras la oligarquía se refugia en un satélite artificial desde el que dicta leyes para el conjunto.

La conversación se alargó mucho más y el resto de ejemplos resultarían redundantes ante la premisa fundamental de este post: que las predicciones de los expertos de la OCDE son exactamente las mismas que las que lleva haciendo años la ciencia-ficción (subgénero apocalíptico-económico) y no es casualidad, sino la confirmación de los peores presagios. Por eso es importante tener presente lo que advierte Mason al final de su artículo: “La propuesta de la OCDE -más globalización, más privatización, más austeridad, más migración y un impuesto sobre el patrimonio si se es capaz de sacarlo adelante- puede funcionar. Pero no para todo el mundo. La última lección que podemos sacar del informe es que, tarde o temprano, un programa alternativo a ‘más de lo mismo’ emergerá. Porque las poblaciones armadas con smartphones y un creciente sentido de sus derechos humanos no aceptarán un futuro de alta desigualdad y bajo crecimiento”.

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