En la tele

Tertulianos, opinadores y todólogos de toda índole han concluido en la última semana que salir en la tele no solo proporciona reconocimiento popular, sino que además garantiza directamente más de un millón doscientos mil votos y cinco escaños en el Parlamento Europeo. Un análisis de una profundidad desarmante que ha llevado a Belén Esteban a plantearse muy seriamente presentarse a las próximas elecciones que se celebren. Porque es obvio que el resultado sería el mismo, según esta elaboradísima teoría. No haría falta un programa concreto o un ideario político definido, mucho menos una campaña electoral enfocada a las redes sociales o mítines multitudinarios en los lugares más recónditos de la geografía patria: con enseñar el careto el número suficiente de minutos a la semana, la peña acudiría como loca a votar su candidatura. Porque la peña, por si no lo saben, es idiota.

Democracia es lo que yo te diga. Es votar a los mismos una y otra vez aunque hayan demostrado sobradamente más voracidad destructora que Galactus en ayunas. Democracia es no cuestionar un sistema que encamina al desastre a un país habitado por seis millones de parados. Es mantener una postura acrítica a que un quinto de la población viva bajo el umbral de la pobreza mientras las grandes riquezas se lo llevan más crudo que nunca.

El bipartidismo está enrabietado y con él toda la estructura que lo sostiene, incluidos los analistas de reconocido prestigio que se han equivocado estrepitosamente en sus pronósticos de las últimas elecciones. Tertulianos, opinadores y todólogos de toda índole que llevan treinta años saliendo en la tele y que ahora piden “regeneración” a los políticos sin ruborizarse lo más mínimo, se escandalizan por la irrupción de un partido cuyos candidatos tienen la asombrosa capacidad de elaborar un argumento retórico sin sufrir un ictus. Y por eso, ahora, empieza la campaña de desprestigio, de ladridos, de infamias, de mentiras y de barbaridades: la campaña inquisitorial del terror.

El sábado pasado el debate del programa La Sexta Noche se convirtió en un monográfico sobre Podemos. El principal portavoz del partido, Pablo Iglesias, se acabó enfrentando a cuatro interlocutores -Borja Sémper del PP, Antonio Miguel Carmona del PSOE, Irene Lozano de UPyD y Eduardo Inda en el papel de agitador-: ninguno de ellos fue capaz de vencerle en la batalla dialéctica, el último de los citados perdió, además, los nervios. El director de La Razón, Francisco Marhuenda, fue el único de los participantes que comprendió que al partido emergente y a sus representantes -expertos en ciencia política y en comunicación- solo se les puede combatir en el terreno de las ideas: contrarrestar sus propuestas con argumentos que los refuten (si los hubiera), no con aspavientos de asustaviejos.

No es una cuestión de exposición televisiva, sino de la calidad de esa exposición y del inmaculado crédito de un partido de nuevo cuño. Han convencido a más de un millón de electores con sus propuestas, sean realizables o no. Si quieren frenarlos, tienen que dejar de llamarlos populistas quienes han incumplido punto por punto el programa electoral que los llevó al Gobierno y encontrar a sus propios Iglesias, o por lo menos a alguien que no se trabe al hablar, que sea capaz de leer su propia letra y que no fundamente su discurso en la inanidad y en las palabras vacías.

Vivimos tiempos apasionantes, los españoles están recuperando el interés por la política y están exigiendo representantes a la altura. No les insultemos, hagamos el favor.

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2 respuestas a En la tele

  1. Santi dijo:

    Bravo bravo bravo!

  2. Dani dijo:

    Eso es!

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