Zinemaldia 2013 (VI): Última remesa

Quai d’Orsay es el nombre del muelle parisino a orillas del Sena en el que se sitúa el Ministerio de Asuntos Exteriores de Francia. Un lugar distinguido en el que la diplomacia gala enhebra los hilos de la Historia. Eso, al menos, es lo que todos creemos, incluidas las personas que han ocupado el cargo de ministro. Abel Lanzac fue asesor del exministro Dominique de Villepen cuando éste ostentaba la cartera de exteriores y su experiencia demuestra que en el muelle es lo más parecido a un frenopático. El veterano Bertrand Tavernier adapta con gracia el cómic en el que este exasesor caricaturizó algunos de los episodios más marcianos de sus años en el cargo. El filme, que se desarrolla en torno a la escritura de un discurso vital para el máximo representante de la diplomacia francesa, arranca carcajadas durante todo su recorrido, a pesar de perder el ritmo entrado el último tercio.

Colin Firth compite con dos películas en esta Sección Oficial, pero no ha aparecido por San Sebastián. En parte es comprensible. Su trabajo es excepcional, pero tanto Un largo viaje como Condenados -basadas ambas en casos reales- son películas fallidas. La primera reconstruye la traumática experiencia de un veterano del ejército británico en un terrible campo de prisioneros de Singapur durante la Segunda Guerra Mundial. Los ecos de las torturas que sufrió durante años aún perduran en su memoria y busca vengarse del hombre que le infligió tanto dolor. La historia es potente, pero los responsables de esta adaptación de las memorias de Eric Lomax se empeñan en que resulte caótica y mal organizada, a pesar de las interpretaciones de Firth, Nicole Kidman y Stellan Skarsgard. La segunda película recrea el caso de los tres niños asesinados en West Memphis. Se trata de un caso complejo que aún continúa abierto, casi veinte años después, y que ha sido cubierto en profundidad en tres documentales titulados Paradise Lost. La película de Atom Egoyan fracasa en la pretensión de abarcar todos los matices y queda en evidencia cuando debe finalizar la película exponiendo buena parte del desenlace en textos sobreimpresos.

La película mexicana Club Sandwich ha generado mucho entusiasmo. Una propuesta de apariencia sencilla que cuenta algo tan natural como el despertar sexual de un adolescente y el vértigo de una madre que se niega a asumirlo. Todo transcurre en pocos días de vacaciones, entre la habitación de un hotel, la cafetería y la piscina. El ritmo, pausado a propósito, desafía al espectador más impaciente, pero no es gratuito y tiene mucho sentido. Y funciona. Probablemente acabe en el palmarés del sábado.

La otra propuesta española de la sección es La herida, un confuso retrato de una joven que padece trastorno límite de la personalidad. La actriz Marián Álvarez construye un personaje veraz y complejo, su trabajo es formidable (suena también para premio), pero la película de Fernando Franco es profundamente tediosa.

La última: For those who can tell no tales, de la bosnia Jasmina Zbanic, es una pequeña decepción. Vuelve a tratar el tema de su película de debut (Grbavica), el drama de las violaciones de mujeres durante la guerra, pero en esta ocasión recurre a la artista australiana Kym Vercoe que firma el guion e interpreta a una turista empeñada en honrar la memoria de las víctimas de la barbarie.

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