Zinemaldia 2013 (V): Despacho

Dos hermanas se reencuentran para compartir los últimos días de su padre moribundo. La más joven, actriz de éxito; la mayor, propietaria de un albergue de montaña, mujeres separadas por un abismo de desencuentros y deudas pendientes, pero unidas por un delgadísimo cordón de recuerdos y emociones. El director austríaco Götz Spielmann pretende imprimir tanta intensidad poética y tan gélido estoicismo en un relato tan manido que finalmente Oktober November resulta tediosa e insufrible.

Algo parecido le ocurre a Caníbal, la última película de Manuel Martín Cuenca. Antonio de la Torre interpreta a un sastre granadino, metódico, solitario y circunspecto, que efectivamente es el antropófago del título. Caza a sus presas -generalmente mujeres- con severidad animal, las arrastra a su guarida, una casa en Sierra Nevada, y las filetea pacientemente para conservarlas en el congelador y consumirlas de poco en poco. El director, junto con el guionista Alejandro Hernández, insisten en elidir y en narrar con la menor cantidad posible de elementos, tal y como hicieron en La mitad de Óscar, la anterior película en común. Pero en esta ocasión queda la impresión de que, en realidad, no tienen nada que contar. A la película le sobran redundancias y le falta tijera en la sala de montaje, pero también es cierto que De la Torre nunca antes se había vaciado de tal manera en una película y su construcción del personaje es formidable.

David Trueba ha presentado una película hermosísima. Vivir es fácil con los ojos cerrados es un relato machadiano en torno a un profesor de inglés que viaja a Almería con la intención de reunirse con John Lennon, que rueda entre campos de fresas la película Cómo gané la guerra, de Richard Lester. En el viaje adopta a dos acompañantes, una joven soltera y embarazada que quiere refugiarse con su madre en su casa de Málaga y un adolescente rebelde que huye de un padre autoritario. Juntos, estos tres ingenuos optimistas interiorizan una lección vital tan importante en la España de mediados de la década de los sesenta como hoy mismo.

Para mí, la de Trueba es ya una de las películas españolas del año.

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