Zinemaldia 2013 (II): Querer cantar

Junior quiere domar la cabellera rebelde que la genética le ha regalado, rizos indómitos heredados del linaje racial de su padre, fallecido -se entiende- en una reyerta. Quiere alisarse el pelo y poder peinarse como un cantante de éxito. Quiere cantar, con tantas ganas como Billy Elliot quería bailar. El entorno, de hecho, tiene algo de gemelo, pero al otro lado del océano: una barriada lumpen de Caracas, una gigantesca mole de apartamentos, un panóptico de humildes alegrías y desconsoladoras miserias. Junior quiere desprenderse de ese Pelo malo que enuncia el título de esta historia porque cree que así dejará de ser diferente. Su madre, viuda y desempleada, fuerte y desesperada, teme criar a un hijo diferente, pero sabe que alisar esos rizos no solucionará el problema, que lo que tiene que hacer es cortarlos de raíz.

Nunca llega a decirse en toda la película si Junior es homosexual o no, pero la simple sospecha sirve a la cineasta y artista plástica venezolana Mariana Rondón para completar un retrato neorrealista de los estratos sociales más bajos de su país. La supervivencia devenida en cotidianidad, la televisión como escaparate de una forma de vida inalcanzable para la mayoría, la esquizofrenia ideológica que enfrenta a sus ciudadanos en los últimos días de Hugo Chávez y, finalmente, la confusión que generan en un niño los prejuicios, los terrores y los infundios de los adultos.

Pero Junior no es Billy Elliot y por no cantar, no cantará ni los himnos bolivarianos en su escuela.

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