Zinemaldia 2013 (I): Una teoría sobre el caos

“El caos es un orden que no está descifrado”, escribió José Saramago en su novela El hombre duplicado, que ha adaptado el cineasta canadiense Denis Villeneuve en una película críptica y asfixiante titulada Enemy. La cita entrecomillada abre la película y es un aviso del desafio que se propone a continuación y que se sublima en un desenlace abierto y enigmático. ¿Quiénes son Adam y Anthony, interpretados por el actor Jake Gyllenhaal? ¿Por qué son, aparentemente, dos seres humanos idénticos y no comparten un parentesco? ¿Por qué no han coincidido antes en la ciudad de Toronto? El filme plantea todas esas incógnitas y las respuestas, quizá, están desperdigadas, protegidas con códigos.

A partir de aquí, el que avisa es este redactor: jugar a descifrar este caos requiere revelar algunos secretos de la narración.

Hay una pista en la redundancia plenamente buscada del director al exponer a Adam, profesor de Historia, explicando a sus alumnos las herramientas del poder político en las dictaduras, y citar a continuación el axioma acuñado por Hegel -“La historia se repite”- y el apéndice añadido por Marx -“Primero como tragedia, después como farsa”-. La historia se repite, por tanto, y en la segunda vez que escuchamos este mismo discurso la voz de Adam suena cansada, consciente de que la escena ya la ha vivido.

Enemy, por tanto, plantea la posibilidad de una paradoja en la que un mismo personaje se encuentra con su yo de otra dimensión o de otro espacio temporal (el yo que ha elegido otro camino vital): Adam es Anthony, el actor de tercera que vive con su esposa, embarazada de seis meses, y Anthony es Adam, el enseñante comido por la rutina laboral y la inercia de su relación sentimental. El problema es que ninguno de los dos tiene muy claro quién es el primero, el original, solo que son enemigos mutuos, puesto que representan dos maneras opuestas de enfrentarse a la vida.

Si nos empeñamos en poner orden a este caos filmado, no podemos pasar por alto las referencias arácnidas, tan importantes en ese desenlace antes mencionado. Las telas de araña que se dibujan hasta en la luna de un coche accidentado pueden estar exponiendo la estructura reticular y circular de esta paradoja, y las espirales pueden estar recalcando esa misma idea. Probablemente no es la primera vez que la historia se repite, pero en este caso es altamente posible que sea la última, cuando el verdadero enemigo se revela, gigante y amenazante, en el interior del dormitorio.

Si esta teoría sobre el caos no es en exceso peregrina, descifrarla ha sido uno de los ejercicios más apasionantes a los que me he enfrentado en años.

 

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