Socialismo deportivo

Hace exactamente un año, en la semana previa a la celebración de la Super Bowl, el humorista estadounidense Bill Maher finalizó su programa semanal en la cadena HBO Real Time with Bill Maher* desarrollando una curiosa analogía entre la política y los deportes mayoritarios en Estados Unidos. Este actor y escritor es conocido por su fervoroso ateísmo -protagonizó el documental Religulous (2008)-, su proselitismo demócrata y su postura en temas controvertidos como la legalización de la marihuana. Digamos que Bill, a los ojos de un europeo, no es que sea precisamente Buenaventura Durruti, pero podríamos situarle dentro de la izquierda estadounidense, aunque a muchos tal cosa pueda sonarle a oxímoron.

En aquel monólogo de despedida Maher se refería a los cerca de 100 millones de personas que conforman la audiencia anual de la Super Bowl en comparación con los espectadores que congrega las World Series de béisbol, unos 85 millones menos. A partir de ese dato, establecía un paralelismo curioso: la NFL (Liga Nacional de Fútbol) distribuye la riqueza que acumulan los equipos acaudalados por derechos de emisión, lo que permite que un equipo pobre pueda aspirar al título, mientras que a las finales de béisbol solo pueden aspirar las franquicias que disponen de grandes presupuestos. “Esta es una lección económica para Estados Unidos, porque el fútbol [americano] está construido sobre un modelo de justicia y oportunidad, y el béisbol está basado en un sistema según el cual los ricos siempre ganan y los pobres generalmente no tienen ninguna oportunidad”.

Es paradójico que en Estados Unidos esté tan arraigado ese socialismo deportivo -que se da, de manera similar, también en la NBA- y cueste tanto que salga adelante un plan como el propuesto por Obama para garantizar la sanidad a millones de ciudadanos del país. Pero, antes de jactarnos de nuestra superioridad ideológica, deberíamos reflexionar.

Aquí en España, en las últimas semanas, hemos simpatizado con un equipo humilde que se ha hecho un hueco en las semifinales de la Copa del Rey devolviendo a nuestro fútbol el tópico aforismo del “no hay enemigo pequeño”. Hemos olvidado que nuestra Liga, antes de las deudas millonarias, las recalificaciones, la hegemonía bipartidista y sus dieciocho comparsas, era un trofeo igualado y sorpresivo. Y aquello tenía mucha más gracia.

Al menos, nuestros denostados yankees, se permiten el lujo de dudar.

* El programa Real Time with Bill Maher se emite en Canal + Extra todos los jueves a las 23 horas.

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