Entrevista: Enrique Urbizu

Enrique Urbizu en su despacho. Foto: Elena del Estal

Menuda ovación se llevó en San Sebastián.
Fue un subidón, de lo más agradable que me ha pasado en toda la carrera.

Supongo que no siempre se tiene la posibilidad de ver la película junto al público y la prensa especializada y comprobar su reacción de forma instantánea.
Es un poco inaudito. A veces te animas a ir de incógnito con público, pero otra cosa es un festival.

La caja 507, La vida mancha y No habrá paz para los malvados. Usando el símil futbolístico, se podría decir que su guionista, Michel Gaztambide, José Coronado y usted han hecho un “hat trick”.
De momento ha habido un equipo. Con Michel escribimos muy a gusto juntos y seguiremos colaborando. Desde el principio Santos Trinidad estaba pensado para él, para darle la vuelta a lo que habíamos hecho antes juntos y yo creo que era el tipo perfecto para encarnar a esa especie de hijo de puta con pistola. A los actores en general les das un personaje con garra, tienes la mitad del trabajo hecho. Mientras funcione, bien, pero si hay otra película y no hay papel para José, pues no pasará nada. Tampoco es que sea forzado.

¿Qué tiene José como actor que le atrae tanto?
A mí de José me gusta la pinta, el físico, como trabaja, que es un tipo estupendo. Somos muy cómplices, nos entendemos, nos gusta de la misma manera. Sé lo preciso que es en todo el trabajo físico, en los movimientos, en el trabajo corporal y eso te permite también concebir personajes muy silenciosos, muy parcos, me gusta verle. Me gusta cómo lo hace y a él le gusta cómo lo hago yo y nos entendemos mirándonos prácticamente. No ensayamos mucho, nos leemos el guión, solventamos dudas, hablamos del personaje, de cómo es la película, qué ritmo tiene todo, y eso te permite jugar con los personajes secundarios, contar con actores menos conocidos, y con ese entendimiento con el protagonista tienes mucho trabajo adelantado.

Como Helena Miquel.
Estaba buscando un rostro poco conocido, y estaba buscando una mujer si me apuras frágil físicamente, pero que no tuviera que mostrar ninguna fortaleza especial a la hora de desenvolverse en un mundo muy masculino y muy violento. Una tía que se protege, muy meticulosa, muy rigurosa, muy aséptica, fría en el trato, esto es obligado porque es juez, tiene que mantener una distancia y una pulcritud. Y Helena cuando la conocí me daba todo eso, luego tiene una dicción portentosa, una claridad en la voz que me gustó mucho y estoy muy satisfecho de su trabajo, creo que es la otra piedra fundamental de la película.

La escena del interrogatorio es todo un duelo.
Estaba colocada al final del rodaje en el plan de trabajo. No habían coincidido en ningún momento, salvo cuando les presentamos de tal manera que Helena se iba a presentar a Santos Trinidad, el personaje, y también a José Coronado, el actor. En la película apenas comparten encuadre y el que comparten ella está de espaldas y por planificación están muy separados. Era una escena muy larga de diálogo, de siete páginas, y lo tenían muy claro, y supimos aprovechar esa especie de encuentro por primera vez los dos frente a frente.

Parece un duelo de western.
A mí el western me gusta sobremanera, se me suele filtrar en la puesta de escena de las películas y me gusta mezclar aromas de los géneros. La película empieza con una imagen explícita que remite al western y hay un encuadre de las botas de él y lleva la pistola al cinto y no en el sobaco. No es que sea intencionado o una cita metalingïística, pero se me escapa.

En La vida mancha presenta al personaje de Coronado de una manera muy parecida.
Si, también, pero el encuadre se centra más en la maleta. Y en Cachito a todos los personajes los presentaba por su calzado, aparecen reiteradamente en la peli, las botas vaqueras dle camionero y los zapatitos de primera comunión de la niña, por ejemplo. Me gusta que las películas tengan detalles de todo tipo y eso incluye el vestuario y el calzado. El calzado dice mucho de las personas, de cómo somos. El plano de las botas en el bar, más que por las botas es por el suelo del local, un bar de “esos que se barren con serrín”, escribimos en el guion: la mugre, la suciedad del día. Y luego escamotear el rostro de Santos Trinidad hasta el momento en el que se pide la copa, solo le ves la cara hasta ahí, es parte de la estrategia de presentación del personaje. Ese encuadre está justificado tanto por las botas como por el suelo.

Perdone mi inocencia: ¿a qué huele un puticlub?

Esa frase nos gusta a todos. En ese momento el espectador se tiene que imaginar un olor que es una mezcla de tabaco, lejía, desinfectantes, y esto es verdad, esos sitios huelen así, sobre todo cuando entras fuera de ambiente, que no notas cuando entras a la noche, cuando está abierto al público.

Su película aborda el terrorismo yihadista, ¿ha temido alguna reacción negativa por tratar un tema tan delicado?
Espero que no tenga un problema el público a la hora de verlo porque está contado de una manera elíptica y muy sutil, el centro de la película nos está hablando de cómo es posible que se nos cuelen esas cuatros bombas, qué es lo que no funciona bien entre las distintas agencias de información, la gestión de la seguridad. En el recorrido de Santos vas viendo un piso franco, la familia de la chica, todos esos lugares que remiten a la memoria del 11-M, todos esos son mimbres sacados no solo de los atentados de Madrid, sino también hay cosas coincidentes con los atentados de Londres y los de las Torres Gemelas. El leitmotiv de la película es el azar, el caos, que estamos vivos de milagro y que bueno que hay un montón de gente que no hace bien su trabajo. Me parece interesantísimo la hora central de la película, lo que quiere contar, aparte de las hazañas de Santos Trinidad, es ese panorama un poco preocupante que a mí me da mucho miedo. Vivimos unos tiempos de incertidumbre, de inseguridad y la película está hecha con esos mimbres, sacados de la realidad y transformados en ficción para crear un thriller con tensión, pero no estético, sino un thriller que hable del aquí y el ahora, que para mí es fundamental, igual que La Caja, pero el núcleo del relato es el funcionamiento del sistema.

España proporciona constantemente material para este género.
Muchas veces me preguntan por la influencia del thriller americano, que evidentemente hay influencia del lenguaje, pero no solo del americano. Hay unos thrillers magníficos de Kurosawa, está Melville, los italianos, no es mi intención imitar al thriller americano para nada, pero todo eso está ahí, pero la materia prima tiene que ser la realidad española, creo que es una película superespañola. Este país en las últimas décadas proporciona un material para todo tipo de historias, pero para el thriller desde luego. No tenemos que fijarnos en ningún ganster foráneo, tenemos indígenas de alta calidad. Míchel y yo somos lectores de novela negra y somos lectores cotidianos de periódicos, estamos fisgando la realidad. Estos bares, estos secundarios están sacados de la calle.

Uno de los sellos de su cine es no dejarle al espectador un manual para que ordene las piezas del rompecabezas.
Sí, eso tiene su coste. Muchas veces lees que hay cosas sin explicar y eso lo tratan como defecto, y es plenamente intencionado. Y a mí no me parece un defecto, sino una gran virtud. Si hay algo que no me gusta del cine comercial americano es ese afán por pensar que el espectador es idiota perdido. Me gusta dejar huecos, agujeros negros. En La vida mancha, mucha gente nos reprochaba que no se sabían más cosas del personaje del tío Pedro y es que no queríamos contarlas, plenamente conscientes. Aquí, más o menos, todos los personajes dejan entrever que tienen familia, hijos. Cuando escribes un guion siempre tienes esa pelea entre desarrollar la trama a su ritmo y que los personajes te piden más expansión.
Hay muchos detalles de puesta en escena. La casa de Santos está llena de detalles que parecen femeninos, como si hubiera sido decorada por una mujer, pero lo enseño muy de pasada para que lo vea el que está atento. Son detalles, a mí no me gusta el psicologismo ni detener el argumento para dar explicaciones ni que los personajes se justifiquen. En el metro te puedes fijar en el que llevas enfrente y hay detalles: los zapatos, las uñas, qué está leyendo, si le duele algo, si va bien peinado, si se ha duchadon, y con esos detalles pueden comunicar una gran soledad o que tienen un buen día. Me gusta que la imagen me haga funcionar la imaginación.

¿No tiene presiones para facilitar el relato?
Siempre, en fase de guión y en el primer montaje de la película. Hubo mucha presión porque Santos Trinidad fuera un personaje con algo a lo que agarrarte, que nos hiciera comprender por qué está así, por qué bebe. Siempre hay un tira y afloja, pero se trata de resistir y tener fe en lo que haces. Los productores, con toda la lógica del mundo y están en su perfecto derecho, quieren que se lo pongas más cómodo al espectador, y los cineastas siempre tiramos de eso para atrás, y te aseguro que cuesta un precio. Sería mucho más fácil proporcionar confort al espectador y que se hicieran los relatos más comprensibles o más digeribles.

Creo que ha visto The Wire.
La vi, compré las cinco temporadas en DVD y me las he metido en largos tragos, cada temporada de una tacada, tienen mucho tiempo.

Le preguntaba por esta serie porque supongo que conoce el aforismo acuñado por su creador, David Simon: “Que se joda el espectador medio”.
Algo parecido digo en la entrevista en Cahiers du cinema: “El que quiera más comodidades que se vaya a ver Disney”. Esto es un thriller, es la jodida realidad reciclada en ficción y Simon no sabe la suerte que tiene de estar donde está y que le produzcan una cosa como The Wire, aquí es muy difícil.

Aún así, parece que el público ha respondido en su primer fin de semana.
La segunda por recaudación, por detrás del estreno de Justin Timberlake y con muy buena cifra, casi 800.000 euros. Espero que se mantenga.

Es casi una tercera parte del presupuesto.
Contábamos con 3.300.000 euros de presupuesto para 8 semanas de rodaje. Es un presupuesto muy ajustado, menos que La Caja, pero tiene sus virtudes, te obliga a ser muy conciso, a no adornarte, no perder tiempo de rodaje, vas tan apurado como tus personajes, y eso para un thriller creo que es bueno. Hasta ahora no he tenido una superproducción, tampoco me quejo es un presupuesto medio del cine español.

¿Está trabajando en algo nuevo?
Hay varios guiones por ahí, ¡quién pillara un western! Ya veremos cuál se pone en primer lugar en la línea de salida y habrá que buscar la financiación, que es lo que nos puede retrasar.

¿Qué hay de esa película sobre Francisco Paesa?
El de Paesa es el que más cerca está, ese guion lo empecé a escribir antes de ponerme con No habrá paz, trabajando intensamente con Manuel Cerdán y la película la tiene Zeta Audiovisual, y es un proyecto muy distinto y me apetece mucho. Es un recorrido por los funcionamientos ocultos, una vez más. Recorre la historia de nuestra transición democrática. Paesa es un personaje muy divertido y muy fascinante porque hizo de todo: desde engañar a ETA o tener escondido a Roldán, a estafas internacionales. Es un ejemplo de espía anti-James Bond, no es un hombre de acción, es un intermediario, su herramienta favorita es el teléfono, las conversaciones, la palabra, es un vividor, un tahur, es un conquistador, es un personaje fascinante, es un actor, un intérprete, un falsario. Siguiéndole a él se puede recorrer el funcionamiento de algunas cosas dentro del mundo de la Inteligencia, para conseguir información y manipularla. Es bastante apasionante, tiene que ver con la política, el periodismo, y el título provisional es Armas y conversaciones, pero son fragmentos de la vida de Francisco Paesa.

Así que lo encauzará por el lado del thriller.
Paesa será un thriller política, pero también tiene tono de comedia bufa, irá adquiriendo sobre la marcha los tonos. Lo que no quiero hacer un tostón histórico-politico. Pero también hay falso documental, entrevistas recreadas: va a ser divertida de hacer.

Ya que hemos vuelto a sacar el tema del western: La vida mancha, de alguna manera, también lo era.

La vida mancha es un western porque uno de los temas más recurrentes es la búsqueda del hogar, de la familia. En ese sentido siempre me recordaba el comienzo de Centauros del desierto. A mí me recordaba la figura del hombre sin pasado, que necesita un hogar para establecerse, y desde ahí sacar conclusiones de puesta en escena que la acercan al western.

La pena es que no funcionara en taquilla.
Sí, es una pena porque no funcionó bien en taquilla, pero a nivel crítico, en general muy bien. Se nota un gran respeto por la película, pero fue un completo desastre. Ya tengo experiencia, pero fue bastante ingrato, es una frustración porque quizá sea mi mejor trabajo.

¿Sigue impartiendo clases en la Carlos III?
En la Carlos III los miércoles, y en la ECAM lunes y martes. Puesta en escena en Dirección de actores. El miercoles pasado tuve la presentación y ya este miercoles empezamos a tope, y estaba poniendome en orden los apuntes.

¿Analiza sus películas con ellos?
Rara vez, a veces en la ECAM, pero de manera muy autocrítica. Me lo pienso muy mucho, en parte por la erosión que te genera personalmente. Prefiero hablar de textos en los que no estoy implicado, porque te permite un análisis más objetivo, pero cuando lo hago es muy autocrítico, a los alumnos hay que decirles la verdad, no puedes andarte con hostias, lo que has intentado, las estrategias para conseguirlo y si sabes los fallos, señalarlos.

http://www.youtube.com/watch?v=-xQz3w2JMNw
Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Current day month ye@r *