The Oscar goes to

 

   El
23 de marzo de 2003, la gran triunfadora de la noche de los Oscar fue
la película Chicago, de Rob Marshall, que se alzó con seis de las trece
estatuillas a las que optaba, entre ellas, la de Mejor Película.
Harrison Ford recogió el premio al Mejor Director en nombre de Roman
Polanski
, que por razones que todos conocemos no puede pisar territorio
estadounidense. El pianista, la película de este francés de origen
polaco se llevó dos Oscar más: Mejor Actor (Adrien Brody)  y Mejor Guión
Adaptado. El resto de premios gordos se los repartieron Chris Cooper,
por su papel secundario en El ladrón de orquídeas, Nicole Kidman por
protagonizar Las horas y Pedro Almodóvar por el guión original de Hable
con ella
. Martin Scorsese, que partía como favorito con -a mi juicio, la
espectacular- Gangs of New York (que había sido nominada en diez
categorías), volvió
a morder el polvo.

Dos días después, la distribuidora Manga Films publicó este escueto anuncio en las carteleras de varios periódicos españoles:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nos
gustan los Oscar porque la Academia de Cine de Hollywood es la primera y la que
mejor ha sabido convertir una rutinaria entrega de premios en un
espectáculo único del que está pendiente todo Occidente -y genera una
cantidad de pasta que ustedes ya se pueden imaginar-. Es el escaparate
de modistos y joyeros y la sublimación del sueño americano expresado en el glamour de los artistas que salieron de la nada
y cuyo esfuerzo se ve recompensado con una figurita dorada que
representa, como ninguna en el mundo, el éxito.

Pero,
más allá de cuestiones formales, significados semióticos, antigüedad y
reconocimiento, los Oscar -atención, obviedad- son unos premios hechos
por y para la industria estadounidense. Si acaso, incluyamos también a
la británica, que cada vez más forma parte de la fiesta. Y, de vez en
cuando, se permiten la extravagancia de premiar a un español bajito, a
un italiano desnortado o a un alemán políglota en categorías
tradicionalmente reservadas a los que tienen el inglés como lengua
materna. Los votan los miembros de la Academia desde -atención, segunda obviedad- la subjetividad (y
esto incluye la amistad, la enemistad o los intereses de las productoras
afines), por tanto, no son una ciencia exacta ni designan necesariamente a las
mejores películas del año. Más obviedades: no son infalibles, a veces
son injustos, y la ceremonia es igual de infumable que, por ejemplo, la
de los Goya, pero la madrugada nos confunde y nos flipa que el tinglado esté tan bien montado que Meryl Streep llore desconsolada porque se le niega
por enésima vez su tercer Oscar y que Jack Nicholson, cada vez más
viejo, pero más simpático, ría desde la primera fila.

No
es mi intención desacreditar a los Oscar, ni ponerme en plan gafapasta-estupendo que reniega del mainstream y solo valora de verdad el cine
rumano
, porque si siguen este blog de forma habitual saben que me chifla
el buen cine estadounidense -y el malo, y la calva de Bruce Willis-. Escribo todo este rollo para restarle un poco de importancia. Vuelvan a echar un ojo al anuncio anterior:  a Alfred Hitchcock le negaron sistemáticamente el reconocimiento; a Martin Scorsese le reconocieron, finalmente, por el remake de una película hongkonesa.

 

Y escribo esto, porque
ahora, en estas fechas tan señaladas -a pocos días de que se repartan
los premios- no me queda otra que emitir mis apuestas a las principales categorías. Agárrense los
machos
, porque son más predecibles que los ciclos de la Luna.

Mejor Película: El discurso del rey.

Mejor Dirección: Tom Hooper, por El discurso del rey.

Mejor Actriz: Natalie Portman, por Cisne negro.

Mejor Actor: Colin Firth, por El discurso del rey.

Mejor Actriz Secundaria: Melissa Leo, por The fighter.

Mejor Actor Secundario: Christian Bale, por The fighter.

Mejor Guión Original: El discurso del rey.

Mejor Guión Adaptado: La red social.

Mejor Película de Habla no inglesa: Biutiful.

Un segundo, no se marchen todavía. Los muchachos del blog Goles y palomitas,
que son amiguetes míos, me han dado una idea -y me han permitido,
además, copiarla-. Junto a la lista de apuestas, que en mi caso está
basada en los resultados de las decenas de entregas de premios que
otorgan las distintas asociaciones de críticos de Estados Unidos, en los
premiados en los Globos de Oro y en la tendencia compensatoria de
Hollywood -a Colin Firth, por ejemplo, le deben un Oscar-, han añadido
su lista de deseos, que yo entiendo como una mezcla de preferencias
personales
y de resultados que de ser señalados en una casa de apuestas
serían recompensados con un buen dinerete en caso de acierto. Aquí va la
mía:

Mejor Película: La red social.

Mejor Dirección: David Fincher, por La red social.

Mejor Actriz: Natalie Portman, por Cisne negro (en dura competencia con Jennifer Lawrence, por Winter’s bone).

Mejor Actor: James Franco, por 127 horas.

Mejor Actriz Secundaria: Jacki Weaver, por Animal Kingdom.

Mejor Actor Secundario: Christian Bale, por The fighter (este es indiscutible, qué bien lo hace el cabrito).

Mejor Guión Original: Origen.

Mejor Guión Adaptado: La red social.

Mejor Película de Habla no inglesa: Canino.

 

 


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