Caballos estampados

En
la revista Tiempo de esta semana (número 1.492), reproducimos una
entrevista a los hermanos Coen publicada en Newsweek una semana antes.
Joel y Ethan hablan de su última película, Valor de ley, con la que
optan a diez estatuillas en la ceremonia de los Oscar que se celebrará
el próximo 27 de febrero. Comento esto porque
al principio de la entrevista, y supongo que por casualidad, hacen un
comentario muy interesante acerca de las dificultades técnicas que les
supusieron varias escenas con caballos:  

Valor de ley es su primera película del Oeste. ¿Han visto mucho western antes de empezar a rodarla?

Ethan Coen:
No, realmente no. Nos hemos fijado en cosas muy específicas, como las
escenas con caballos, pero no hemos estado viendo películas del oeste
específicamente por esta razón.

Joel Coen:
Lo de fijarnos en las escenas de caballos es porque un 90% de las cosas
que podías hacer con un caballo hace 20 años no puedes hacerlas ahora
por la normativa de respeto a los animales.

La
cosa me llamó la atención, así que me puse a investigar. Bueno, vale: a
buscar en Google. En Estados Unidos hay varias asociaciones que se
encargan de proteger los derechos de los animales, pero la más conocida,
por su antigüedad y su incansable actividad, es la American Humane
Association (AHA), principal impulsora de la creación de códigos y
normas en el trato de animales en los rodajes. Fundada en 1877, empezó a
enfocar su mirada en el cine después de la polémica filmación de la
película
Tierra de audaces
(1939). En la escena más famosa de la película, Jesse James saltaba
desde un acantilado sin descender del caballo. Los dos caballos que se
emplearon para rodarla se despeñaron, muriendo trágicamente. Hechos
sirope, los pobres, se pueden imaginar. Aquello removió conciencias -y
algún que otro estómago- y desde entonces se obligó a insertar en las
películas aquéllo de que “ningún animal ha sido maltratado en el rodaje
de este film”.

Con
el paso de los años, las normas se fueron haciendo más específicas.
Entre los principios básicos que establecen estas restricciones,
encontramos los siguientes:


No se matará ni se dañará a ningún animal en la producción de la película.

Aunque
están permitidas para el cuidado veterinario, la anestesia y la
sedación generales son procedimientos de riesgo elevado y se prohíben
para el propósito único de filmar.


Cualquier escena que represente la muerte o la violencia sobre un animal, debe ser simulada.

Así
que, como dicen los Coen, estas “normas complican mucho la vida, pero
no te puedes quejar, porque la crueldad con los animales era asombrosa”.
Ahora, afortunadamente para los animales, los medios digitales permiten
hacer maravillas sin que ninguno resulte herido.

Mientras escribo esto, me acuerdo del gato de Novecento y de un clásico de Youtube: la escena de acción peor rodada de la historia.


Atrapado en el tiempo

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