Catenaccio

Algunos lectores me han afeado que no haya incluido en el post
de esta semana un solo comentario sobre el otro gran estreno español de
la semana: No controles. No ha sido por maldad ni por olvido, sino
porque no pude asistir al pase de prensa -por aquéllo de las anginas-.
Anoche engañé a mi hermano para que me acompañara a verla y, con mucho
pesar, debo decir que me decepcionó.

El debut de Borja Cobeaga en el
largometraje, Pagafantas, me parece una genialidad por su sencillez, su
originalidad -que no es tal, pero la aparenta-, su riesgo y la verdad
que emana como retrato generacional con el que gran parte de la
audiencia se sintió identificado. Y porque, no nos engañemos, es
divertidísima.

En realidad, ésta, su segunda película, juega con la misma táctica. Y
gana, pero de forma rácana. Como la selección italiana de fútbol: se
encierra atrás y pelotea hacia arriba para que reciba el torpedero de
turno que, con talento y empuje, introduce la pelota entre los tres
palos. Aquí el chanante Julián López es el capocannoniere con su
personaje Juan Carlitros: todo el peso de la comedia cae sobre él,
responsabilidad que asume con holgura y resuelve impávido.
Continuando con el símil futbolístico, podríamos decir que el
protagonista, Sergio, que interpreta Unax Ugalde, es el mejor asistente
de López, aunque se maneja incómodo sobre el césped. Y no es que le
venga grande el protagonismo, al contrario: el actor vitoriano ha
demostrado lo que vale, que es mucho, en la reciente Bon Appètit -una de
las mejores películas españolas de 2010, según este blog-. Su vis
cómica no encaja del todo bien con su rol en esta película, que es, en
sí mismo, muy incómodo: chico guapo, pero sosainas que no sabe qué hacer
para recuperar a su ex novia. A veces cuesta créerselo, maldita sea. En
otras palabras: no se sabe muy de qué (o a qué) juega. Y a veces centra
al pie y otras, al graderío. Aunque centra, que no es poco.
Afortunadamente, le cubre la espalda una guardameta de lujo: Alexandra
Jiménez
, que interviene sin florituras, pero demuestra confianza y
firmeza y deja su impronta en cada intervención.

Y concluida la película, recuerdo a Juan Carlitros y un puñado de
momentos brillantes -como la conversación de camino a la gasolinera o el ciclópeo
chupetón-, pero el resultado me deja un sabor amargo, como después de
haber contemplado un partido ganado, pero mal jugado. Porque Cobeaga y
su coguionista, Diego San José, la han resuelto de una forma
burocrática, apresurada, aséptica, desprovista de cariño y cuidado.
Pueden celebrar una victoria -la película entretiene y divierte-, pero
como espectador, me habría gustado que reformularan su estrategia.

Aunque reformular la estrategia, como puede ser aplicar una metáfora
futbolística para criticar una película, a veces es un error táctico y
una tortura para el lector. Disculpen las molestias.
Si quieren leer más sobre cine y fútbol, no se pierdan este blog: Goles y palomitas. Y si están pensando ponerse a dieta después de las fiestas, les recomiendo que consulten primero a Alberto Martín-Aragón.


Atrapado en el tiempo

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